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jueves, 4 de abril de 2013

Cuando la avaricia se vicia el peligro de que se rompa el saco es inminente.

¿Qué nos lleva a reflexionar a cerca de quiénes somos y qué buscamos o queremos?  nos ha llevado a esto una situación de realidad que no de ficción, de muchas familias que en este momento de su vida están pasándolo muy mal.

Cuando hablas con gentes que sufren todos los días el pesar de no poder hacer frente a los pagos que contrajeron, notas su angustia y su automarginación. Muchos de ellos, por no decir la inmensísima mayoría, fueron educados en el adagio muy español de : Es mejor ser pobre pero honrado y éste adagio les está pesando sobremanera en su adultez.

En otros casos, básicamente el de políticos y entidades financieras que viven ausentes de esa realidad, la perspectiva cambia, ellos sólo se ven como acreedores en el caso de los segundos y como responsables entre la espada y la pared de los primeros.

La realidad de un político que en momentos tan convulsos como los actuales ve que todo por lo que ha luchado durante su vida política tiene que cambiar no deja de ser también un grave problema y no todos son capaces de aceptarlo y ejercer del motivo principal por el que entraron en política, el de ayudar a todos a vivir mejor. ¿Por qué cuál es si no la vocación de un político? a ninguno de ellos escaparía esta respuesta, la  vocación de ayudar a sus vecinos y compatriotas en el camino de llevar al país y a cada uno de ellos a una vida mejor.

Sin embargo ahora a todos se nos han caído los palos del gallinero, a unos se les ha venido abajo su medio de vida hasta el extremo de no tener ya ningún modo de vida y a otros se les ha venido abajo el modo del que podían vivir gracias al bienestar general.

Nuestra situación actual como pueblo, como españoles que somos todos y de idéntica calidad, puesto que nadie creo que pueda discutir que algunos españoles están en este rango de españolidad y otros están en uno menos loable, pues nuestra situación es que como pueblo estamos en momentos difíciles, más para unos que para otros, y es impensable que se pueda vivir de este modo mucho más tiempo, luego todos tenemos que cambiar para que todos podamos salir adelante.

Unos ya han cambiado, ¡y de qué modo! ahora sobreviven como pueden, ocultando a familiares y vecinos su verdadera situación hasta que no hay más remedio que comunicarla, la de que ya no queda nada de dinero ni para pagar la luz, ni el agua, ni siquiera la comida, mucho menos para pagar cuotas que en muchos casos eran similares a lo que les quedaba de paro y muchísimo superiores a esos 426€ que perciben como subsidio algunos, sólo algunos, los que ya por situación familiar y con personas a su cargo no tienen ningún tipo de ingreso.

A cualquiera de estas personas le hubiera gustado continuar en la misma situación en que estaba cuando aún tenían trabajo, pero su realidad ya ha cambiado.

Yo no pretendo aquí dar soluciones, porque a los que están sufriendo les parecerían cortas y a los que la están provocando les parecerían fuertes, sólo digo que cuando la avaricia se vicia el peligro de que se rompa el saco es inminente.

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