Inteligencia vs. Astucia: El equilibrio que nos falta
Una de las mayores confusiones que siempre hemos tenido es la diferencia entre Inteligencia y Astucia. Para nadie es fácil diferenciarlas; de hecho, habría que convivir largo tiempo con alguien para saber ante cuál de las dos estamos.
A menudo nos encontramos con personas que no son ni lo uno ni lo otro. Desde mi visión subjetiva, diré que en cualquiera de los dos casos se trata de gentes independientes que llevan un camino diferenciado —aunque a veces paralelo— al del resto de la sociedad.
La Inteligencia: El don de crear
La inteligencia es un don natural, quizá heredado genéticamente o recibido por azar. En cualquier caso, es la capacidad de tener ideas propias, de pensar por sí mismo y comprender a primera vista lo que a otros se les escapa a lo largo de toda una vida. Es la facultad de inventar y desarrollar.
Las ideas pueden tener cualquier fin: desde diseñar un sistema para desecar un lago hasta prever la necesidad de una vacuna antes de que surja una pandemia. La inteligencia no está exenta de cometer errores; de hecho, los comete precisamente porque piensa, reflexiona y toma decisiones. Sin embargo, como algo intrínseco, siempre lucha por el bien de los demás, aunque el resultado final no siempre sea el esperado.
La Astucia: El arte de aprovechar
La astucia es el signo de las personas que aprovechan la inteligencia de los demás, normalmente en beneficio propio. El astuto quizá sea incapaz de ver los problemas que vienen, pero es consciente de que hay otros que sí los ven y los estudian.
Sabe que el inteligente, a menudo, no sabe sacar provecho de lo que soluciona. Entonces, el astuto pone en marcha los mecanismos para utilizar la inteligencia que él no posee.
Un ejemplo gráfico
Podríamos decir que los científicos e ingenieros son los inteligentes: encuentran la solución pero a veces no saben cómo aplicarla. Los promotores, financieros o gente del marketing son los astutos: ponen en marcha esas ideas, las comercializan y sacan el provecho para sí mismos.
Es como el pescador y la gaviota: el pescador desarrolla el sistema para sacar peces y la gaviota espera a que el trabajo esté hecho para aprovecharse del botín. O el caso de los cormoranes en Asia, a quienes les atan el cuello para que no puedan tragar lo que pescan; el pescador aquí es el astuto que saca provecho de una oportunidad que él no generó.
El tercer elemento: El orden y el equilibrio
¿Qué necesita un país? ¿Gente inteligente o astuta? Necesita de ambos, pero también de un tercero que imponga orden y equilibrio.
Un país como el nuestro tiene un volumen importante de población inteligente y, por supuesto, gente astuta capaz de capitalizar esos inventos. De lo que carecemos es de un sistema que ponga equilibrio, un modelo que logre que esos dos dones sirvan para que todos —incluyendo a quienes no poseemos ni lo uno ni lo otro— podamos beneficiarnos de un país ejemplar.
El papel de la Política
Para conseguir este tercer elemento es necesario crear conciencia de que todos somos uno en nuestra diversidad. Debemos decidir entre todos el qué y el cómo. Para eso es necesaria la política, entendida no como lo que nos han enseñado hasta ahora, sino como la responsabilidad de tomar nuestras propias decisiones.
Cuando entendamos que la política no es patrimonio de unos pocos, habremos echado la simiente para un nuevo orden donde todos tengamos la responsabilidad de saber quiénes somos y qué queremos.
El cuarto grupo: La mayoría silenciosa
Nadie dice que esto sea fácil. En toda sociedad existe una mayoría que prefiere no participar y simplemente obedecer. Este cuarto grupo no es así por carácter, sino por aprendizaje.
Nadie les enseñó a tomar decisiones, sino a acatarlas. Muchos piensan que son incapaces de decidir por sí mismos porque nunca les dijeron que no hace falta ser un genio o un astuto financiero para tener criterio propio. Tener pensamientos y fantasías es algo natural; lo que no es natural es la obediencia ciega basada en el temor.
Podría extenderme mucho más, pero siempre es peligroso alargarse en un post donde poca gente participa. Y es aquí donde me pregunto: ¿Y yo qué soy? ¿A qué grupo pertenezco? Mi respuesta es: pertenezco a la gente que le gustaría cambiar muchas cosas pero que pasa desapercibida. Quizá sea mi forma de estar en el mundo: estar sin ser visto.
"Quizá sea mi forma de estar en el mundo: estar sin ser visto"
3 comentarios:
A simple conjetura diría que, aplicada a su persona, la pertenencia a uno de los grupos de personas que existen (siguiendo su punto de vista final) es más bien al tercer grupo. Usted tiene la capacidad y la iniciativa de hacer algo, lo que manifiesta su orden (no autoridad) y equilibrio. 👍
Buenos días Xim, me sorprende que después de tanto tiempo que hace que publiqué esto lo haya usted encontrado.
Verá, yo a estas alturas de mi vida no sé a qué grupo pertenezco, cada día me veo más reflejado como alguien incomprendido, diferente, que no mejor ni peor, simplemente no encuentro un lugar ni un grupo social en el que me sienta de verdad bien. Supongo que sí existe ese grupo social, que sí hay gente con la que me sentiría bien charlando y tendría mucho en común, pero a fecha de hoy y ya pasado los primeros 2/3 de mi vida, no tengo mucha esperanza de encontrarlo.
Hago estos escritos porque me gusta, porque necesito explicar qué y cómo veo las cosas, pero sin la esperanza de que sean leídos, de ahí el que le agradezca su comentario.
Así que: GRACIAS
Buenos días, pues la verdad no lo conozco a usted, lo que si puedo decir es 1ue en mi caso analizandome yo, pues me falta aprender mucho de la vida, ser más astuta e inteligente;estudiando me doy cuenta las dificultades que he tenido en la parte financiera, si necesito realizar la contabilidad de un negocio es muy complejo, no se como resolverlos.Se han presentado muchos tropiezos en la vida por no desarrollar mejor todas las capacidades.
Gracias.
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